Con el inicio de la temporada de pariciones comienza también el período de mayor riesgo para la aparición de la diarrea neonatal bovina, una de las enfermedades que genera mayores pérdidas sanitarias y económicas tanto en rodeos de cría como en establecimientos lecheros. Aunque la diarrea es un signo clínico de fácil identificación, su origen puede ser muy diverso, por lo que el diagnóstico clínico por sí solo no permite determinar la causa del problema. En este contexto, el laboratorio adquiere un rol fundamental, ya que identificar el agente etiológico permite instaurar un tratamiento adecuado, implementar medidas de prevención y disminuir la incidencia de nuevos casos.

La diarrea neonatal es una enfermedad multifactorial en la que interactúan numerosos factores. Las condiciones ambientales, el manejo del rodeo, la calidad del calostrado, el estado nutricional e inmunitario del ternero y la presencia de diferentes agentes infecciosos determinan la presentación y gravedad del cuadro. Además de provocar una disminución significativa de la ganancia diaria de peso, puede ocasionar elevadas tasas de mortalidad, con importantes pérdidas económicas para el productor.

Entre los principales agentes involucrados se encuentran Escherichia coli, Salmonella spp., Rotavirus bovino, Coronavirus bovino, Cryptosporidium spp. y coccidios. En nuestro país, diversos estudios han demostrado que el rotavirus bovino constituye el agente de mayor distribución tanto en rodeos de cría como en tambos, mientras que Cryptosporidium spp. representa uno de los principales problemas en explotaciones lecheras debido a la elevada resistencia de sus ooquistes en el ambiente. Asimismo, son frecuentes las infecciones mixtas, especialmente aquellas en las que el rotavirus se asocia con Cryptosporidium spp. o con E. coli, situación que incrementa la severidad del cuadro clínico. Si bien la salmonelosis se reconoce principalmente en rodeos lecheros, también puede presentarse en establecimientos de cría cuando las condiciones del sistema favorecen su transmisión.

Los registros epidemiológicos muestran que la diarrea neonatal constituye la tercera enfermedad de mayor importancia en los terneros, luego de la mancha y la neumonía, observándose la mayor cantidad de casos entre los meses de agosto, septiembre y octubre, coincidiendo con el pico de pariciones.

La fisiopatología de la enfermedad depende del agente etiológico involucrado, aunque en la mayoría de los casos participan varios microorganismos de manera simultánea. Los virus producen destrucción y atrofia de las vellosidades intestinales, disminuyendo la capacidad de absorción de nutrientes. Como consecuencia, la leche permanece parcialmente digerida dentro del intestino, aumenta la presión osmótica y se desencadena la diarrea. Por su parte, E. coli produce enterotoxinas que estimulan la secreción de agua y electrolitos hacia la luz intestinal, mientras que Salmonella spp. genera inflamación, aumento de la permeabilidad vascular y pérdida de la integridad del epitelio intestinal, pudiendo incluso producir septicemia en los casos más graves.

Los primeros signos suelen pasar desapercibidos y consisten únicamente en el ensuciamiento de la cola y de la región perineal, acompañado por un aumento en la frecuencia de las deposiciones. A medida que progresa la enfermedad pueden presentarse diarrea líquida, con o sin sangre, mucus o fibrina, además de deshidratación, fiebre, depresión, anorexia, pérdida de peso y, en los cuadros más severos, la muerte del animal. En infecciones por coronavirus también pueden observarse signos respiratorios leves, conformando el denominado síndrome pneumoentérico. La gravedad del cuadro dependerá de la virulencia del agente, de la carga infectante y, principalmente, del estado inmunitario del ternero.

Debido a que los distintos agentes producen manifestaciones clínicas muy similares, el diagnóstico etiológico resulta indispensable para establecer un tratamiento racional y definir las medidas de control más apropiadas. La identificación del agente causal permite evitar el uso innecesario de antibióticos, realizar antibiogramas cuando corresponde y planificar estrategias preventivas, como la vacunación de los vientres o modificaciones en el manejo sanitario del establecimiento.

Para obtener resultados confiables es fundamental remitir al laboratorio muestras adecuadas. En animales vivos se recomienda enviar materia fecal fresca recolectada en frascos estériles, preferentemente de terneros que no superen los cuatro días de evolución clínica y que aún no hayan recibido tratamiento antibiótico. En animales muertos pueden enviarse contenido intestinal, segmentos de intestino delgado y grueso, contenido de vesícula biliar, hígado, bazo y ganglios linfáticos mesentéricos, entre otros tejidos, de acuerdo con la sospecha diagnóstica. Todas las muestras deben mantenerse refrigeradas, enviarse correctamente identificadas y acompañarse de una breve reseña clínica y de los datos del establecimiento.

En el laboratorio se dispone de diferentes metodologías diagnósticas según el agente sospechado. Para bacterias como E. coli y Salmonella spp. se realizan aislamientos bacteriológicos, identificación, pruebas de sensibilidad antimicrobiana y técnicas moleculares cuando son necesarias. Para rotavirus y coronavirus se emplean pruebas de inmunocromatografía, ELISA y PCR, mientras que para Cryptosporidium spp. pueden utilizarse observación microscópica, inmunofluorescencia, ELISA, inmunocromatografía o PCR.

Durante la temporada de pariciones, actuar rápidamente frente a los primeros casos de diarrea permite reducir la mortalidad, limitar la diseminación de los agentes infecciosos y obtener información sanitaria valiosa para prevenir futuros brotes. En una enfermedad multifactorial como la diarrea neonatal bovina, conocer la causa es el primer paso para tomar decisiones acertadas y proteger la salud de los terneros y la productividad del rodeo.

El análisis de la casuística de muestras recibidas en Laboratorio 9 de Julio durante el año 2025 y el primer semestre de 2026, que incluyó un total de 58 casos, demuestra que el síndrome diarreico en terneros presenta una etiología predominantemente multifactorial, observándose infecciones mixtas en aproximadamente dos tercios de los casos. Entre los agentes detectados, Escherichia coli fue el microorganismo más frecuente, seguido por Cryptosporidium spp. y rotavirus, mientras que Salmonella spp. y los coccidios tuvieron una participación menor.

Salmonella spp. presentó una baja frecuencia relativa, aunque su importancia sanitaria sigue siendo elevada debido a la gravedad de los cuadros y su potencial zoonótico, en tanto, Coccidios representaron un porcentaje muy bajo, probablemente porque afectan animales de mayor edad que aquellos incluidos en la mayoría de los casos de diarrea neonatal.

Figura 1. Distribución de los casos de síndrome diarreico según la cantidad de agentes etiológicos detectados.

Figura 2. Distribución de las etiologías diagnosticadas en casos de síndrome diarreico en terneros

Estos resultados refuerzan la importancia de realizar estudios diagnósticos integrales, ya que la identificación de un único agente puede no explicar completamente la presentación clínica del cuadro.

 

 

Clara Giovanini

clgiovanini@lab9dejulio.com.ar

Dr. Julio César Caione

juliocaione@lab9dejulio.com.ar

 

Referencia

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  • Parreño, A. Odeón, F. Fernández. Complejo diarreico neonatal del ternero – Evolución de los conocimientos sobre su etiología y epidemiología. Relación agente-huesped-medio – Inmunidad pasiva – Programas de prevención tambo y cría. Sitio de Producción animal.
  • Carlos M. Campero, German J. Cantón, Dadin P. Moore. Aborto y otras pérdidas reproductivas en bovinos. Diagnóstico y control. Editorial Hemisferio sur. 2017.