La anaplasmosis forma parte del denominado complejo tristeza bovina, junto con Babesia bovis y Babesia bigemina. El agente causal es la bacteria Anaplasma marginale, un microorganismo que parasita los glóbulos rojos provocando anemia hemolítica, pérdida de condición corporal, disminución de la producción y, en los casos más severos, la muerte de los animales.
En las regiones del norte del país, la transmisión está estrechamente asociada a la presencia de la garrapata común del bovino (Rhipicephalus microplus). Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires, donde este vector no se encuentra establecido, la enfermedad puede transmitirse principalmente por vía iatrogénica, mediante el uso compartido de agujas, jeringas, instrumentos quirúrgicos o guantes de palpación contaminados con sangre infectada. También se considera posible la transmisión mecánica por insectos hematófagos, como tábanos y moscas picadoras, especialmente durante los meses de mayor actividad de estos vectores.
Recientemente, en Laboratorio 9 de Julio se diagnosticó un caso positivo de Anaplasma marginale en un bovino perteneciente a un establecimiento de cría ubicado en el partido de 9 de Julio (Buenos Aires). El diagnóstico se realizó mediante la observación de un frotis sanguíneo, donde se identificaron inclusiones compatibles con A. marginale en los eritrocitos.
Como complemento del estudio hematológico, el animal presentó un hematocrito del 9%, valor marcadamente inferior al rango fisiológico para la especie, compatible con un cuadro de anemia severa. Este hallazgo explica la sintomatología clínica observada y es característico de los casos agudos de anaplasmosis bovina, enfermedad en la que la destrucción de eritrocitos provoca una importante disminución de la capacidad de transporte de oxígeno.
El establecimiento contaba con antecedentes de hemoparasitosis, lo que refuerza la importancia de implementar medidas de vigilancia y control sanitario. Ante estos hallazgos, resulta fundamental realizar un diagnóstico temprano que permita instaurar el tratamiento correspondiente, identificar otros animales potencialmente afectados y establecer estrategias de prevención orientadas a reducir las pérdidas productivas. Asimismo, se realizó un estudio serológico mediante ELISA para detectar anticuerpos contra Anaplasma spp. Babesia Bovis y Babesia Bigemina en el rodeo. De los 194 animales examinados, 15 resultaron positivos a Anaplasma spp, lo que representa una seroprevalencia del 7,73 %. Estos resultados evidencian la presencia de animales seropositivos en el establecimiento y aportan información relevante para orientar las medidas de vigilancia sanitaria.
Este caso pone de manifiesto el valor del frotis sanguíneo como herramienta diagnóstica rápida y de bajo costo en animales con sospecha clínica de hemoparasitosis, especialmente cuando se acompaña de una evaluación hematológica que permita determinar la gravedad del cuadro.
Durante los últimos años, la anaplasmosis bovina ha comenzado a adquirir una creciente relevancia sanitaria en establecimientos ganaderos del centro-norte de la provincia de Buenos Aires. Si bien históricamente se la consideraba una enfermedad esporádica en esta región, distintos laboratorios de diagnóstico y equipos técnicos del INTA Balcarce han registrado un incremento de brotes, incluso en establecimientos sin antecedentes recientes de ingreso de animales provenientes del norte argentino, donde la enfermedad es endémica. Esta situación plantea nuevos interrogantes sobre la dinámica epidemiológica del agente y la posible participación de mecanismos de transmisión que aún requieren mayor estudio.
Uno de los aspectos epidemiológicos más importantes es la edad de los animales afectados. Los terneros menores de un año suelen desarrollar infecciones leves y generar una inmunidad protectora duradera. En cambio, cuando la infección ocurre por primera vez en bovinos adultos sin exposición previa, los cuadros clínicos suelen ser mucho más graves, con elevada mortalidad. Además, los animales que sobreviven permanecen como portadores persistentes de Anaplasma marginale, constituyendo un reservorio capaz de mantener la bacteria circulando dentro del establecimiento durante años sin manifestar signos clínicos.
Los signos clínicos más frecuentes incluyen fiebre, anemia marcada, mucosas pálidas, ictericia, debilidad, pérdida de peso y disminución de la producción láctea. En casos avanzados también pueden observarse abortos y muerte súbita. Durante la necropsia es habitual encontrar un marcado aumento del tamaño del bazo y del hígado, además de sangre más fluida debido a la intensa destrucción de glóbulos rojos.
El diagnóstico temprano resulta fundamental para reducir las pérdidas productivas. En animales con signos clínicos, el examen microscópico de un frotis sanguíneo continúa siendo una herramienta rápida, sencilla y de gran utilidad para observar Anaplasma marginale en el interior de los eritrocitos y estimar el grado de parasitemia. Como complemento, las técnicas moleculares como la PCR ofrecen una elevada sensibilidad, especialmente para detectar animales portadores o confirmar casos en situaciones epidemiológicas complejas. La interpretación de estos resultados siempre debe realizarse junto con la información clínica y epidemiológica del establecimiento.
La prevención continúa siendo la estrategia más efectiva para controlar la enfermedad. Es indispensable utilizar una aguja por animal, desinfectar correctamente el instrumental, cambiar los guantes de palpación entre animales y extremar las medidas de higiene durante las prácticas veterinarias. Asimismo, antes de incorporar hacienda proveniente de zonas endémicas, es recomendable evaluar cuidadosamente el riesgo sanitario y considerar la realización de pruebas diagnósticas.
Frente al escenario actual, el monitoreo permanente, el diagnóstico oportuno y la adopción de buenas prácticas de manejo sanitario son herramientas fundamentales para disminuir el impacto de la enfermedad. El aumento de casos registrado en distintas regiones del centro-norte bonaerense pone de manifiesto la importancia de mantener una vigilancia activa y de trabajar de manera conjunta entre productores, veterinarios y laboratorios de diagnóstico para detectar precozmente los casos y evitar la propagación de la anaplasmosis dentro de los rodeos.
